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princesadehielo...

Si fuera una línea recta...

Si fuera una línea recta, tus besos se esconderían en cada una de mis esquinas. Rezagados e indefensos, dejarían mi piel temblando ante sus caricias insolentes. Nos perderíamos en la oscuridad, tú y yo. Mis líneas rectas envolverían tu cuerpo en celofán transparente, te anudaría fuerte con un lazo y perdería en ti mis formas. Me encerraría, encogida y silenciosa, en el último rincón de tu espalda, protegida por el relieve de tu cuerpo. Y mi sombra se pasearía con la tuya bajo la luz de la luna. Con un puñado de estrellas en cada mano, escribiríamos en el cielo el estribillo hortera de cualquier canción de amor. Como si hoy no fuese hoy, como si el tiempo nunca hubiera pasado y fuésemos dos principios que no saben que, a veces, los nudos ahogan. Como dos extraños que, de repente, comprenden qué hace que la vida valga la pena.

Yo sería escurridiza e inaccesible, me escaparía de tus manos temblorosas con la rigidez de mi línea. Te haría girar, girar, girar... y tambalearte. Hasta tumbarte en el suelo para poder enredarme en ti, yacer a tu lado y escuchar tu respiración cansada recuperar el aliento. Tu corazón agitado marca cada uno de mis latidos. Y yo sería lo que tu quisieras que fuese. Me dejaría ir por ti. Por ti, también, volvería.

Podríamos no ser nada, serlo todo y reinventarnos. Perder el argumento y quedarnos con los efectos visuales. El sonido, la imagen, en color o en blanco y negro. Desaparecer y perdernos para siempre. Podría huir contigo, escabullirme por cualquier agujero de la realidad. Escribir una nueva hoja en blanco, cambiarme por completo, seguir siendo yo, buscar un sitio mejor para ambos...

Si fuera una línea recta, dejaría mis curvas dobladas sobre tus brazos. Prescindiría de mí, del aire, del suelo que me sostiene, de la realidad... y me perdería en cualquier eje de coordenadas, con mis extremos apuntando al infinito. Y sabes que volvería a enredarme sobre mi ombligo para tumbarme a tu lado. Haría de la vida un sueño, haría de los sueños realidad y de la realidad deseo. Y cogería mis curvas de tus brazos para vestirme de nuevo. Y sería yo, tal como me conoces. Y todo parecería igual pero en el fondo, siempre sabría que algo había cambiado.

Hoy me apetece....

- Viajar a Casablanca.

- Una botella de cava.

- Bailar.

- Conducir durante muchas horas hacia el Sur…

- Un baño de espuma.

- Hacerte un masaje.

- Leer.

- Ir a un concierto.

- Hacer una barbacoa.

- Reir a carcajadas.

- Verte.

- Mmmmm....

- Si, eso también, eso me apetece muchísimo.

- Saber de tu vida.

- Sentarme en la orilla de la playa a ver el oleaje sin pensar.

- Bañarme desnuda en la playa

- Perderme por París e ir a la Ópera.

- Decirte te quiero.

- Cenar en San Marco.

- Dejar de echarte de menos.

 

(No me va a dar tiempo... pero intentare hacer algo de todo eso, por lo menos una cosa…)

 

Mi primer haiku

"Sin eje de coordenadas"

Dos lineas rectas

punto de convergencia

nos reinventamos.


Breve, muy conciso, contundente, profundo.....Parecía fácil, pero como muchas otras cosas en la vida, la apariencia no siempre refleja la realidad. Es mi primer haiku, consiste en un poema breve de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente y es una de las formas de poesía tradicional japonesa más extendidas. Como buena aspirante a escritora, una debe hacer incursiones en todos los géneros, ahi es dónde se puede demostrar la capacidad literaria, y en mi afán de seguir creciendo, seguiré tocando todas las teclas de ese gran piano que es la escritura.

Posibilidades y decisiones

 

Posibilidades. Esas pequeñas opciones que nos plantea la vida. Bifurcaciones en el camino, sendas que elegir, decisiones que tomar, vidas que descartar y momentos que elegir. Esa necesidad de cerrar puertas cada cierto tiempo. La tinta azul del boli que señala mi camino. Y es que, cuando de vivir se trata, no se admiten dudas. Hay que decidir. Proseguir y dejar atrás. Equivocarse, acertar, caerse y aprender. Vivir.

 

Si de cada decisión tomada o de cada opción descartada se crease una vida paralela, una historia adyacente que partiese del punto exacto en que se tomó un camino y continuase por el camino descartado, tendríamos un número infinito de vidas que, de un modo u otro, terminarían por chocar. Algunas convergerían en un mismo punto tarde o temprano y otras se alejarían invariablemente, hasta límites insospechados. Siempre hay decisiones definitivas y decisiones, simplemente, necesarias.

 

Cada segundo es una elección. Desde la ropa que nos pondremos hasta a qué hora nos iremos a dormir. Elegimos continuamente. Hay decisiones triviales, decisiones absurdas que ni siquiera tenemos constancia de estar tomando, hay decisiones lógicas, de esas que no dejan lugar a dudas, decisiones racionales, decisiones sentimentales, decisiones rápidas y decisiones equivocadas. Hay tantas decisiones como momentos planteen tomarlas.

 

Tenía una posibilidad entre sus manos. No una posibilidad cualquiera, no. Era la posibilidad que llevaba toda su vida esperando. Tiempo atrás, la decisión habría estado tomada de antemano. Habría sido sencillo, fácil y satisfactorio. De las consecuencias no sabía nada y, si tenía que ser sincera, prefería no saberlo. Era su posibilidad. Aquel sueño que, durante tanto tiempo, había jugado a ver cumplido. Aquellas noches en vela, aquellas lágrimas, aquella esperanza muda... Pero el tiempo, enemigo y compañero, había decidido jugar con ella una vez más. No, no era fácil y, sin embargo, sabía que no tenía opciones ni necesidad de elegir... pero sentía una deuda con aquel pasado suyo que tanto le hizo sufrir. Sentía que, de un modo ilógico e inapropiado, tenía el deber de compensar todas aquellas lágrimas... aunque ni ella ni su sueño existieran ya. Todo había cambiado tanto... y la posibilidad se arrugaba entre sus manos, congeladas en plena calle. Y el frío, el frío iba azulando sus mejillas y enrojeciendo su nariz. Y la posibilidad se había encogido tanto, que apenas se veía. Se escurría entre sus dedos, como aquella vez se escurrieron sus ganas de seguir... y supo que la posibilidad nunca había existido. Solo se había dibujado entre sus manos, esperando un aspecto tangible al que aferrarse. Una pizca de fe o ese atisbo de esperanza que se evaporó hace años... la posibilidad estaba obsoleta y apagada. No existen opciones para quién tiene la opción correcta bajo el brazo. Y cerró los ojos, dejó escapar la posibilidad con una bocanada de aire helado.

Una parte de ella, la que aún tenía miedo, la que aún tenía dudas, la que nunca había llegado a olvidar y la que, sin comprenderlo, siguió esperando su oportunidad, voló con ella. Y trazaron un camino paralelo, un camino semejante y ciego. Un camino sin rencores, con recuerdos, sin distancias, sin olvidos, con sonrisas, sin heridas... un camino que se alejó tanto, tanto de ella que, cuando quiso seguir sus huellas, las encontró perdidas en la nieve derretida. Y terminó por aceptar que solo fué un sueño. Una locura, una ilusión, una farsa... y, aunque sentía que aún faltaba algo en sus suspiros, nunca dijo nada.

Creo que...

Creo que, si pudiese convertirme en cualquier cosa, me convertiría en un recuerdo. No en un recuerdo cualquiera, está claro... sería un recuerdo de esos que hacen sonreír. Uno que se cuela con sigilo a media tarde entre un café y un cigarro o, con disimulo, entre una pregunta y un intento de respuesta. Sería un recuerdo bonito, discreto e íntimo. De esos que, aunque nunca se cuenten, siempre son. Un pensamiento entre fugaz y leve, con rayos de sol y gotas de lluvia, besos, abrazos y caricias. Con aroma intenso, sonidos puntiagudos, silencios prolongados... un recuerdo con acento, kilómetros y manos entrelazadas.

Sin duda, yo sería el recuerdo más inoportuno e inesperado que pudiera encontrar la memoria. Llegaría sin capacidad de disimulo, con una enorme sonrisa y ese brillo de ojos tan mágico, ese que solo aparece cuando cerramos los ojos dejando la mirada abierta... y no haría ruido pero me escucharían en todas partes... y duraría un segundo, dos a lo sumo... pero no me iría del todo, dejaría ese dulzor en los labios que dura hasta que la realidad cala cada hueso y engulle el alma con descaro.

Sería un recuerdo para tenerte entre mis brazos, con tu cabeza sobre mi pecho y la mirada perdida en el punto impropio que definimos a base de besos, ese rincón que huye entre mi alma y tu alma, que nos separa y nos une a trompicones. Esa sutil manera de sentirnos lejos a un milímetro de distancia. Esta absurda manera de sentirte cerca cuando no estas aqui.

Tarde (sin daños a terceros)

Castillos de arena

La gente suele contar historias imposibles sobre revelaciones y futuros que se presentan en forma de casualidad en medio de un presente perfecto… pero yo no me lo creo. La realidad es que vivimos muertos de miedo, planeando un futuro prometedor. Jurándonos a nosotros mismos que todo nuestro esfuerzo tendrá una recompensa, que todas las dificultades que atravesamos no hacen otra cosa que prepararnos para el mañana. Y, de tanto pensar en el mañana, nos vamos olvidando de vivir el hoy.

Ese es nuestro presente. Una carrera de obstáculos con una meta intangible. Una serie de objetivos a largo plazo con los que creemos identificarnos. Eso que todo el mundo tiene, que todo el mundo desea, que todo el mundo necesita. Eso que nos identifica con el resto, que nos mantiene dentro del grupo, que nos une a la humanidad. Nos pasamos toda la vida buscando una diferencia que nos mantenga dentro de la normalidad. Somos tan estúpidos que hemos terminado por creernos toda esa basura del reconocimiento social. Queremos ser aceptados, valorados, respetados, considerados y aplaudidos. Queremos pertenecer a su mundo porque no es otro que el nuestro. Una profesión de éxito, una familia encantadora, una casa de ensueño, un físico envidiable, una cuenta corriente abultada. Un todo que defina nuestro estatus. Somos lo que poseemos, lo que aparentamos, lo que los demás creen ver de nosotros. Hemos perdido completamente la identidad en aras de una identidad colectiva, con unos roles perfectamente estructurados y definidos. Por cada rico un pobre. Por cada guapo un feo. Por cada famoso un admirador. Los antagonistas de estas historias son tan necesarios como los propios protagonistas. Todos necesitamos un espejo en el cual reflejarnos. Necesitamos saber quién es pobre para compararnos con él y considerarnos ricos. Si no existieran los feos, ¿quién sabría diferenciar a un guapo? Nadie. Se volverían tan vulgares como el resto. No habría nada por lo que luchar. No habría un futuro que labrarse. Si todos fuéramos lo que queremos ser, sería demasiado fácil. Nos limitaríamos a vivir el presente y a aceptar nuestra realidad. Seriamos, sencillamente, felices.


Ese era un poco mi problema. Llevaba años viviendo por un futuro que nunca llegaba, allanándome un camino que seguía encontrándose con las mismas piedras, soñando con un mañana que apenas pensaba en mi hoy… olvidándome de mi misma por completo. Había dado por sentado que quería lo que todos esperaban de mí. Había asumido que mis metas eran las mismas del resto, que mis sueños eran simples delirios, que mis resultados serían mi máxima alegría… Había renunciado a la mayoría de las cosas sin darme cuenta de lo que estaba haciendo, pensando que había algo mejor al final de mi camino, creyendo a pies juntillas eso de esforzarse por una meta, recitando un montoncito de objetivos insípidos como míos, prometiendo que mis aspiraciones pasaban por completar un compromiso social no escrito, por formar parte de algo, por ser ese algo, por tener lo que me decían que necesitaba y que, de algún modo, empezaba a necesitar. Había cambiado mi presente por un castillo de arena que me habían vendido con la promesa de que, algún día, se volvería de cemento… y, cuando menos me lo esperaba, llegó una ola. Ese es el final de mi historia o, quizás, solo sea el principio.

...y sigo pensando que aunque suene absurdo, el amor es el motor del mundo.

 

Ha pasado un año, si, un año desde que empecé mi aventura en este blog. Doce largos meses en los que han ocurrido muchisimas cosas en mi vida, muchas...He de reconocer que he cambiado. Creo que nunca he llegado a negarlo radicalmente. Soy consciente de todo lo que sucede en mi entorno, en mi vida y en mi actitud hacia ella. También sé que la vida no es más que una continua sucesión de cambios, a mejor o peor... pero cambios, a fin de  cuentas. No se trata de una línea recta, no... es un camino lleno de curvas, baches, cambios de sentido, pasos subterráneos, puentes y, en ocasiones, callejones sin salida. La vida es arriesgarse y saber asumir los cambios con una sonrisa, darte cuenta de que no todo lo que cambia es malo... ni se pierde todo lo que se distancia, solo muere lo que olvidamos. Solo perdemos lo que dejamos ir por miedo a cambiar.

 

Antes pensaba que los cambios eran cuestión de edad, de tiempo o, quizás, de acontecimientos drásticos. Cuando pasó el tiempo, crecí y viví experiencias más o menos drásticas, me di cuenta de que seguía sin cambiar... que los cambios más significativos no acudían puntualmente a una fecha o a una cita programada. Los cambios eran impredecibles y, cuando menos me lo esperaba, amanecía distinta... pero conservando ese trasfondo que me contiene en esencia. Conservando principios, ideales, pensamientos y carácter... a fin de cuentas, somos lo que vive en nuestro corazón.

 

Ahora, tras mucho tiempo, he comprendido al fin que los cambios surgen de las personas y sus acciones. Esa idea absurda de que el amor es el motor del mundo, finalmente, resultó ser cierta. Y cambiamos cuando nos aman, cuando amamos realmente. Cambiamos porque el amor nos pegó una patada y nos llenó los bolsillos de miedo. Cambiamos porque los besos se terminaron y nos dejaron sumidos en una adicción eterna. Cambiamos porque, de repente, descubrimos que esa tontería de la media naranja es más cierta de lo que parecía. Cambiamos porque perdemos el amor, porque lo encontramos, porque le tememos o porque, simplemente, lo dejamos de esperar.

 

Un día, sin ningún motivo especial, abres los ojos y te das cuenta de que estás hecha de mitades. De que una mitad es tuya, como siempre lo fue... pero la otra está fuera de tu cuerpo. Esa otra mitad es amor. Y no se parece a lo que hayas podido sentir antes. La amistad, la familia, incluso las mascotas... no, no deja de ser amor... pero no es esa fuerza absorbente que te atrapa y te envuelve, que te ata invisiblemente a la otra persona y te arranca lágrimas de alegría cuando comprendes que los abrazos no dan para más, que nunca podrás saciar esa ansia, nunca podrás aproximarte tanto como para romper esa distancia de un milímetro que separa tu alma de la suya. Todo mi mundo gira entorno a tu ombligo y, sin embargo, sigo con mi vida... porque tú formas parte de ella y coges mi mano a cada paso, me acompañas en mis rutinas, en mis dudas, en mis alegrías, en mis miedos... porque tener pareja no significa apartarse del mundo... tener pareja es dejar de ser uno para empezar a ser dos... y compartir, convivir, acompañar...

 

La gente que, alguna vez, ha sido la mitad de un todo, comprende. El resto, solo imaginan. Es duro, pero es cierto. Solo comprendemos realmente las emociones que hemos sentido... el resto, es intuición. Por eso nos alejamos, por eso los cambios distancian a las personas... porque solo quién va de tu mano durante tu cambio, comprende que sigues siendo tú...

 

He cambiado, sí. Ahora soy parte de algo. Ahora no existo sin él porque él es parte de mí. Él es mi boca, cuando al recordarle me muerdo los labios. Él es mis ojos cuando le busco por la mirada esperando, impaciente, que aparezca. Él es mis manos cuando me coge entre las suyas y me dice que me quiere. Se llama amor.. y, aunque suene absurdo, es el motor del mundo.

Breve historia de casi todo

Nunca tuvo significado. Puede que, de algún modo, para él aquello fuera la coartada perfecta. Una excusa más, una locura... una salida oportuna a una situación delicada. Puede que, incluso, fuese real pero, tan complejo e imposible, que tratar de confesarlo resultaba inútil. Una carambola del destino más para aquella rocambolesca historia en la que, los culpables, terminaron por ser víctimas y, la víctima, el peor de los verdugos. Al final, como en todas las historias de ciencia ficción, el tiempo se volvió en su contra y nuestro protagonista, terminó perdiendo la partida que creía ganada. Una partida que nadie ganó pero que, curiosamente, tampoco quedó empatada. Todos perdieron algo en aquella locura transitoria, con premeditación y alevosía o, lo que es lo mismo, con mala suerte y demasiadas buenas intenciones.

 

Se quedó solo, ya veis. Cuando se creía poseedor de todas las respuestas, apostó su integridad a la carta de las buenas voluntades... y perdió. Los buenos deseos se hicieron realidad y, como todos sabemos, no hay nada más peligroso que un deseo cumplido. Aquella burla del destino le dejó plantado y solo, esperando que el final no fuese determinante y que, como tantas otras veces, todo terminase siendo un simulacro más. Otra anécdota para el cuaderno de causas perdidas, donde las anotaciones sobre su absurda coexistencia se subrayaban con tinta verde y borrones acuosos.

 

Luego vino todo lo demás. Dicen del olvido que es traidor y cobarde. Dicen que, cuando crees que está de tu lado, se da la vuelta y te apuñala. Dicen que es mejor no fiarse, mantener la distancia, cerrar todas las puertas antes de abrir las siguientes... pero nadie aprende una lección hasta que cae de bruces contra ella.

 

Ella no, no era prudente. Era un poco absurda, ignorante y confiada. Era la protagonista de un libro que nunca debió ser escrito. Era la perdedora que, con incredulidad, sostiene entre sus manos el primer trofeo de su vida. Era demasiado vulnerable y estaba tan machacada por vida que ya no distinguía los pisotones de las caricias. Todos aquellos consejos le resultaban ridículos. ¿Tiene acaso el olvido intenciones? ¿Tiene maldad, conocimiento o razón?¡ Ni siquiera es tangible! No puede ser peligroso. Y así, decidió olvidar. Se entregó a aquel olvido etéreo y le entregó todas sus armas. Firmó la paz, descanso la mirada, se permitió soñar... y perdonó. Perdonó porque ya no existía rencor en su alma. Ya no dolía tanto aquel dolor de antaño, ya no quemaba... y las buenas intenciones le parecieron, de repente, mucho más ciertas que entonces. Empezó a creer que, quizás, no prestó demasiada atención. Se terminó olvidando de las excusas que nunca existieron y descansó de tanto rencor, tanto odio y tanta indiferencia.  Era tan frágil que bastó un soplido para derribarla. Un olvido traidor, una puerta entre abierta, un paso en falso... y aquel protagonista harto de resignarse a su soledad. El orden de los factores, esta vez, si altera el producto.

 

¿Cómo acaba una historia que ya estaba acabada? ¿Cómo termina algo que, en realidad, nunca comenzó? Se desintegra, eso es todo. Las cosas que no existen pueden jugar un tiempo a ser reales pero, al final, se resignan y desaparecen. Como los malos de película que nunca mueren a la primera pero que, llegado el momento, lo hacen sin pena ni gloria. A nadie le importa que muera el malo. A nadie le afecta que desaparezca algo inexistente.

 

Terminó con un portazo, con una mano que las sostuvo, con un trato... “No, no olvidaré. Recordaré cada palabra, cada frase, cada embuste, cada desprecio... recordaré todos y cada uno de los momentos que me hicieron sentir infeliz...” dijo. Y el olvido sonrío tímidamente. No todo estaba perdido....

Orgasmo de media tarde

Soy tu puta provocación, las ganas de arrancarme la ropa interior para hacérmelo contra la pared hasta estallar ambos en fuegos artificiales. Eres mi orgasmo de media tarde mientras desgasto los dedos en caricias que me saben tanto como si fueran tuyas. Y juntos, joder, juntos somos como dos putos kamikazes, a muerte, a dejarnos cada hueso en el borde de la carretera. Porque nos estrellamos en cada embestida, nos jodemos con los ojos y con las ganas, aunque no nos tengamos cerca. Y me encanta, cariño, no sabes lo muchísimo que me encanta que te mueras por mi cuerpo.

 

Mi tributo a Mario Benedetti

Llevaba días queriendo aportar mi pequeño tributo a Mario Benedetti y dejar plasmada la gran admiración que siempre le he tenido.Podía haber elegido cualquiera de los muchisimos poemas suyos. Ahora mismo me vienen a la mente "Amor de tarde", "Corazón coraza", "Los formales y el frío"...pero al final el poema seleccionado ha sido "Táctica y estrategia"...un mensaje recibido ahora me ha hecho recordar que no hace mucho hice una explicación de estos dos términos, pero fué en un lenguaje totalmente diferente. Gracias Benedetti, gracias por ese legado que nos has dejado y por hacer que muchos queramos conseguir con nuestras palabras arañar el corazón de quienes nos leen.

"Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple

mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites."

En la planta de tus pies

 

En la planta de tus pies, en ese trozo de piel que duerme entre tus costillas, en el lóbulo de tu oreja, en cualquier punto indefinido de tu ingle, en esa zona que vive cuando muere tu espalda... voy a dejar un beso escondido en cada recoveco de tu cuerpo, en cada pliegue, en cada curva y en cada recta. Voy a dejar una caricia en cada milímetro de piel que se estremezca bajo mis dedos, un susurro para derretir tus sentidos bajo el ritmo de mis latidos. Dejaré un abrazo en un rincón secreto y te dibujaré un mapa de sonrisas para que lo encuentres cuando yo no esté y nos sintamos juntos, entre distancias que no se sienten y recuerdos que golpean fuerte la mente, porque tú estás siempre, en cada paso a cada instante... y, a veces, guardo silencios por no estropear la magia con el sonido de una voz que, de emoción, apenas se sostiene.

En la planta de tus pies duermen los pasos que diste para encontrarte conmigo. Y en la palma de tus manos aún se sienten las mías entrelazadas. En la comisura de tus labios se puede ver algún beso que remolonea, con toda esa pereza que me da separarme de ti cuando no queda más remedio que irme. El brillo de tus ojos conserva alguna de mis sonrisas, alguno de nuestros momentos y un atisbo de picardía que se intuye entre canciones que recuerdan instantes que aún consiguen hacerme temblar.

 

En la planta de mis pies, en la palma de mi mano, en la comisura de mis labios, en el brillo de mis ojos, en el centro de mi pecho, en el fondo de mi alma... tú.

 

Aqui no hay Tiffany's

 

Hay días que terminan antes de empezar. Que, cuando amanecen, te susurran al oído una disculpa... y entonces, ya lo sabes, el día ha terminado. Aunque siga, aunque no se note. Tú y las horas que transcurren conocéis el secreto, por eso no se molestan en disimular. Se repiten una tras otra, la misma secuencia insípida... y tú, tú te limitas a esperar. No puedes saltarlas como si fueran un charco, no puedes cambiarlas, no puedes hacer que el día se arrepienta porque ya ha terminado y, como todo lo que acaba, el comienzo se ha quedado en ese rincón dónde habitan los imposibles.

 

Hay días en los que las cosas importantes, parecen más importantes todavía. Las cosas pequeñas, se encogen hasta desaparecer y, al final, te quedas tan solo que no eres capaz de encontrar ni tu propio reflejo. No puedes porque todo lo que te formaba, todos esos pequeños gestos, se han ido... y solo ha quedado esa preocupación enorme que eclipsa todo... esa que no dice nada, que no comprendes, que no tiene nombre ni forma... esa que, es tan grande, que nunca llegaste a conocer por completo.

 

Hay días que se repiten a pedazos. Y cogen un poco de aquí y otro poco de allá. Y montan una obra de teatro hecha de retales. Y tú no eres el protagonista, ni el director... ni siquiera eres el encargado del telón. Se repiten las secuencias, trozos de historias que ya fueron, palabras que ya se dijeron, mentiras que ya engañaron, sonrisas que ya se apagaron... y ese día, tú día, acaba por ser una de esas repeticiones que se emiten de madrugada mientras tú duermes en el sofá.

 

Hay días que madrugan para torcerse. Se levantan con el pie izquierdo, con el derecho, con los dos a la vez... y tropiezan, caen de bruces contra el suelo, no se levantan. Se quedan tirados en la moqueta de tu habitación hasta que llega la hora de acostarse. Todo parece más gris desde el suelo, más triste, peor... y no te quedan ya ganas de ser, ni de estar, ni de intentar permanecer... y solo piensan que, de haberlo sabido, hubiesen permanecido entre las sábanas veinticuatro horas más.

 

Hay días que nos dejan sordos pero nosotros, siempre tan egocéntricos, creemos que son ellos los que están mudos. Nos quejamos una y otra vez porque no escuchamos nada, porque no nos dicen nada interesante... y creemos enfadarnos con nuestro día mudo cuando, en realidad, estamos enojados con nosotros mismos, con nuestra sordera.

 

Hay días buenos, de esos también quedan... pueden ser más fuertes o pueden ser tan débiles como esquivos, pueden perderse entre tanto día malo, pueden hacernos olvidar la lluvia, el llanto, la melancolía... pueden elevarnos antes de una caída o ayudarnos a levantarnos... pero siempre, sin excepción, son apreciados.

 

Lo peor de los días es que nunca sabes cuál te tocará cuando suena el despertador.

 

Y lo peor es que yo no puedo hacer como Holly en “Desayuno con diamantes”,:

 

—¿Conoce usted esos días en los que se ve todo de color rojo?

—¿Color rojo? Querrá decir negro.

—No, se puede tener un dia negro porque una engorda o porque ha llovido demasiado, estás triste y nada más. Pero los días rojos son terribles, de repente se tiene miedo y no se sabe por qué. ¿Le ha ocurrido a usted alguna vez?

— Sí.

— Pero cuando me pasa lo único que me va bien es coger un taxi e irme a Tiffany´s. Me calma en seguida la tranquilidad y el aspecto lujoso que tiene. Nada malo podría ocurrirme allí. Si pudiera hallar algún sitio en el que me encontrara con ese sosiego que se respira en Tiffany´s...”

 

Las lecciones de la vida

Cuando las cosas siempre han sido de una manera, tiendes a pensar que tienen que ser de esa manera. Lo malo y lo bueno viene preestablecido por la rutina que hemos ido viviendo a lo largo de nuestra vida. Es como si tuviésemos una memoria a largo plazo que anotase los patrones a seguir ante determinados sucesos, que grabase lo que puede ser clasificado como habitual y lo que se sale de lo común.

 

Rosas. Ahora mismo están en el jarrón de la mesa, a punto de apagarse definitivamente. Hace una semana, eran perfectas. Sin embargo, no han dejado de tener significado para mí. Creo que, aunque acaben por desaparecer del jarrón, seguirán en mi memoria. Las rosas han cambiado una creencia que, a fuerza de repetirse, creía cierta.

 

Todo el mundo merece que alguien le quiera. No se trata de querer a alguien y que esa persona te preste un mínimo de atención necesario para mantener tu interés, no... se trata de que alguien te quiera. Querer a alguien no significa entregar algo en beneficio propio. Querer a alguien es un acto completamente desinteresado y altruista del que todos merecemos formar parte.

 

Por eso, no merece la pena malgastar el tiempo en pensar si es apropiado o no el querer a alguien. Los sentimientos son nuestro bien más preciado y, la mejor manera de conservarlos, es compartirlos con aquellos que, directamente, son la causa de su aparición. No se trata de firmar un contrato indefinido, son manifestaciones momentáneas y reales en el instante de su nacimiento. Son ciertas mientras duran. Yo, aquí y ahora, siento que te querré para siempre... y para siempre no va más allá de este segundo que dura cuando mis ojos se clavan en los tuyos. Puede que, después, sea una eternidad. O puede que, como las rosas, muera a la semana... pero su estela quedará siempre grabada en mi corazón. Como todas las lecciones, correctas o incorrectas, que te enseña la vida.

Yo no quiero un puñado de lunes, y tu?

 

Dicen que solo se siente nostalgia de los momentos felices. Supongo que, de ser cierta esa teoría, sentir nostalgia es maravilloso. Significa que has vivido momentos tan especiales que te gustaría revivirlos nuevamente.

La vida, sin embargo, no está hecha a base de regresos. La vida no se puede rebobinar. Los acontecimientos solo avanzan, se relevan, suceden... y mirando hacia atrás solo corremos el riesgo de chocarnos contra uno de esos futuros que se convierten en presente a una velocidad desorbitada.

Yo misma era un pasado imperfecto tratando de encontrar mi futuro en presentes de subjuntivo con un "ojalá" tambaleándose delante. Siempre pensando en cambiar, en avanzar, en ser... como si el condicional de mi vida no pudiera atreverse del todo con un presente simple. Ni siquiera me asomaba timidamente a un futuro. Vívía entre mis miedos y mis limitaciones.

 

Siempre he pensado que existe un punto de inflexión. Una vez hemos llegado a ese punto, la línea recta resulta imposible y no nos queda más remedio que dar un giro de noventa grados. Un ángulo recto que nos desvía por un nuevo camino. Mejor o peor, eso no viene indicado... solo sabemos que es un cambio y que, como todo cambio, exige compromiso. El problema de los cambios es que tienen muchos imitadores. Existen esos pequeños intentos de cambio, cuando cambias solo un milímetro y el resto lo conservas tal y como estabas. Eso no es cambiar, es modificar. Cambiar es más radical, más completo, más arriesgado. El riesgo no está de moda porque la rutina proporciona sonrisas a plazo fijo... y arriesgarse es como comprar acciones: puedes perderlo todo en un segundo. Escuché en alguna parte que, sin riesgo, la vida era tan solo un puñado de lunes.

 

Nadie quiere domingos por la tarde. A mi antes tampoco me gustaban. Los tenía abandonados en mi calendario, como un día sin utilidad ninguna. Entonces los perdí y comprendí aquello de "no se sabe lo que se tiene hasta que se pierde". Empecé a valorar mis domingos perdidos, a añorarlos... y supe que necesitaba un cambio. No eran solo los domingos, eso era una pista... un indicio que me aproximaba a una realidad: mi punto de inflexión se acercaba. Se avecinaba un cambio.

 

Ahora estoy en ese punto de inflexión. Hago cambios con más lógica que otros. Hago cambios más significativos que otros, más arriesgados.

Pero todos terminan por ser una parte de un todo. Aunque el todo nunca sea la suma de sus partes. Poco a poco avanzo, aprendo a no mirar atrás y descubro que aprendí más de lo que pensaba, que cambiar no es tan complicado una vez que te decides a hacerlo, que la vida con riesgos es como recuperar un domingo después de haber perdido cincuenta y cuatro.

Si es cuestión de confesar

 

Soy diestra. Me gusta dormirme con una sonrisa en los labios y si puede ser abrazada a ti mejor. Lloro con facilidad. Desayuno solo cafe. Detesto planchar. Me encantan los perros. Fumo. Solo me gusta el transporte publico cuando viajo a otros paises. Me gusta ver como llueve desde mi ventana. No duermo con pijama. Nunca me acostaré sin saber algo nuevo. Recuerdo demasiado.  A veces soy un desastre. Me encanta leer. Dicen que soy rara. No te entiendo casi nunca, pero no me importa. Me pierdo en el horizonte. Podría envejecer mirando el mar. Me dan pánico las agujas. Siempre me olvido el paraguas en casa. A veces escribo sentimientos, muchas veces. Suelo besar con los ojos cerrados. Pensar en voz alta. No me gustan los hospitales. Me puedo pasar horas suspirando. Intento no ser como todas. Acabaré por serlo. No aguanto los jerseys de cuello alto. Echo de menos a esas personas que me dejaron a mitad de camino. No sé cantar, pero lo hago. El universo es un equilibrio. Me molestan los cambios de planes de última hora. Me defino a base de canciones. Me encantan las fresas. Odio las lentejas. No puedo con las cucarachas. Talla S. Número treinta y seis. O positivo. Si quieres te hago un hueco. No me mires de reojo. Tiendo a pensar que nadie lee lo que escribo. Me encanta hacer regalos. Soy muy exigente. Demasiado mandona. Me encanta conducir. Bebo sin sed. Mayo, dia doce para ser mas exactos. El verano siempre pasa demasiado deprisa. El invierno es, simplemente frío si no estas a mi lado. No quiero perderte. Pídeme lo que quieras. Hago lo que me pidas. No soporto buscar aparcamiento durante horas. Una vez me olvidé las llaves. Me vuelve loca un buen café y una botella de cava en tu cama. No entiendo absolutamente nada de deporte. No veo gran hermano. Me gusta ir sola de compras. No me gusta comer sola. Soy excesivamente cariñosa y a ti te lo doy todo. Duermo en el lado derecho de la cama. No soy nada friolera. Odio las frutas confitadas y los bombones rellenos. Me paso el día pensado en ti. Siempre quiero lo que no puedo tener. Me hace feliz estar enamorada. Me he dado cuenta de que el tiempo es la mejor tirita. Ya no pienso en eso. Me encanta escribir, se nota?. No compro nunca lotería.  Prefiero el cine en casa. Siempre llueve cuando lavo el coche. Conmigo nada es fácil pero tampoco dificil. Me gustan los mensajes de buenos días. Bailo bastante bien, o eso creo. Prefiero siempre un hasta luego. Me ducho con agua caliente. Nunca llego tarde. No dejo para mañana lo que puedo hacer hoy. No me gusta madrugar si tu te despiertas a mi lado. Volveré a levantarme. Caigo en la tentación.  Soy lo que lees y, pese a todo, pregunto:
 
- ¿Te quedas conmigo? 

Cien consejos baratos para un sabado cualquiera

 

No cierres los ojos. Encadénate a la vida. Comparte tus pensamientos. Salta. No ocultes nada. Desaparece. Reencuéntrate. Lucha por tus sueños. No pierdas la esperanza. Sonríe. Llora. Regálate cinco minutos cada mañana. Róbale diez a la noche. Besa. Enamórate. Cumple tus objetivos. Date un capricho. Hazlo. Mírate al espejo cada día. Apuesta por ti. Inténtalol. Domina tu vida. Marca tu camino. Aférrate a mi mano. Siente. Canta a pleno pulmón. Baila en la cola del cine. Sáltate las normas. Guarda un secreto. Disimula. Di lo que piensas. Sé sincero. Defiende tus derechos. Ayuda a los demás. Relee ese libro. Deja el reloj en casa. Sal a pasear. Respira hondo. Cómpratelo. No dejes de hacerlo. Siéntete capaz. Experimenta. Haz caso a tu instinto. Escríbelo. Párate a pensar. Dímelo. Hínchate a chocolate. No te vendas por menos de nada. Vence tus miedos. Enloquece. Diviértete. Disfruta cada segundo como si fuera el primero. Inventa. No olvides. Aprende de tus errores. No finjas. Déjate llevar. No dejes que te digan que no eres capaz.  Demuestra lo que vales. Vuelve a llorar con esa película. Échame de menos. Protesta. Recupera tus ganas. Localiza el problema y resuélvelo.. Refuerza tu punto débil. Nada a contracorriente. Haz tus propios esquemas. Escoge. Crea tus propias oportunidades. No esperes el momento adecuado. Haz. Riéte a carcajadas. No te dejes vencer por las adversidades. Alíate con la soledad compartida conmigo. Apaga el móvil (no lo apagues, mejor llamame). Tómate el día libre. Descubre. No te quedes con la duda. Confía. Déjate sujetar. Comparte tus pensamientos. Di que sí.

Ten claro quién eres. Qué quieres. Quién te quiere. Sé feliz….

Me apetece tanto...

 

Me apetece tanto reír, bucear, dibujar contigo…

Y buscar tesoros en la arena de la playa

Y compartir mañanas en el baño

Y noches bajo la misma sábana

Me apetece tanto reír, bucear, dibujar contigo…

Y provocarte mientras hablas por teléfono

Y quitarte tiempo con mis besos

Y emborracharme con tú olor...

Me apetece tanto reír, bucear, dibujar contigo…

Y observarte mientras duermes

Y pintar retratos tuyos todo el tiempo

Y ver tú huella en la almohada

Me apetece tanto reír, bucear, dibujar contigo…

Y extrañarte cuando aún estés

Y amarte sin preavisos

Y colarme en tus sueños

Me apetece tanto reír, bucear, dibujar contigo…

Y pasar días enteros en la cama

Y conversar en silencio

Y compartir soledades

Me apetece tanto...pero tanto jugar con tu ombligo…

Imagina

Bueno, al final he encontrado un hueco y la inspiracion y aqui estoy. Ahora cierra los ojos e imagina....Imagina que tienes un sueño. Algo loco, disparatado, absurdo, imposible. Un sueño de esos por los que nadie apostaría jamás... pero tu sueño, a fin de cuentas. Cuando la gente escuche tu idea, esa locura tuya, te dirán que es imposible: que nunca lo conseguirás. Entonces tu, una persona coherente, terminarás por aceptar lo inverosímil de tu idea. Desecharás tu sueño y te propondrás una meta más realista, más cercana. Terminarás por estudiar algo que te asegure un buen trabajo en el futuro, por buscar una estabilidad... una casa, una familia, un sueldo fijo... y, en algún momento, creerás ser feliz. Serás tan feliz como cualquiera de tus vecinos. Serás feliz porque no arriesgastes, porque vendiste tu sueño absurdo a cambio de un futuro tangible. Porque alguien te dijo que no lo conseguirías y tu le creiste. Le creiste porque esa persona, esas personas, te aseguraron que era imposible. Era imposible porque ellos nunca serían capaces de lograrlo.

 

Imagina que no les escuchas. ¿Quién es el loco? Les ignoras. Persigues tu sueño. Luchas por alcanzarlo, te sacrificas... y, al final, puede que lo consigas. O puede que, efectivamente, fuese imposible. No importa. El final es lo de menos. Lo que cuenta realmente es el camino. La búsqueda de la felicidad, reunir el valor suficiente para perseguir tus sueños... luchar por ser feliz. Intentarlo. Solo entonces, podrás optar a conseguirlo.

 

Imagina que nadie intentase lograr imposibles. Que nadie hubiese luchado por demostrar que el mundo era, en realidad, redondo. O que se podía viajar al espacio. Que todos los científicos, inventores o pioneros en algo hubiesen aceptado aquello de "es imposible". Que todos los músicos, actores, deportistas o escritores hubiesen cambiado su sueño por algo más tangible, por un empleo en una fábrica, por ejemplo. Que todos los que se enamoraron hubieran desistido al pensar que nunca lo conseguirían, que nunca alcanzarían su amor... Piensa que nadie hubiese luchado nunca por sus sueños, que todos se hubiesen rendido... y, dime, ¿estarías tú aquí ahora?

 

Somos fruto de la lucha, de los sueños, de las locuras y de los intentos. Somos el futuro de un pasado que creyó en los imposibles.

 

Buscar la felicidad es un derecho, no un privilegio.  

Trouble

Hoy simplemente quiero dejar esta cancion que pongo una y otra vez en el CD del coche.......