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princesadehielo...

Yo no quiero un puñado de lunes, y tu?

 

Dicen que solo se siente nostalgia de los momentos felices. Supongo que, de ser cierta esa teoría, sentir nostalgia es maravilloso. Significa que has vivido momentos tan especiales que te gustaría revivirlos nuevamente.

La vida, sin embargo, no está hecha a base de regresos. La vida no se puede rebobinar. Los acontecimientos solo avanzan, se relevan, suceden... y mirando hacia atrás solo corremos el riesgo de chocarnos contra uno de esos futuros que se convierten en presente a una velocidad desorbitada.

Yo misma era un pasado imperfecto tratando de encontrar mi futuro en presentes de subjuntivo con un "ojalá" tambaleándose delante. Siempre pensando en cambiar, en avanzar, en ser... como si el condicional de mi vida no pudiera atreverse del todo con un presente simple. Ni siquiera me asomaba timidamente a un futuro. Vívía entre mis miedos y mis limitaciones.

 

Siempre he pensado que existe un punto de inflexión. Una vez hemos llegado a ese punto, la línea recta resulta imposible y no nos queda más remedio que dar un giro de noventa grados. Un ángulo recto que nos desvía por un nuevo camino. Mejor o peor, eso no viene indicado... solo sabemos que es un cambio y que, como todo cambio, exige compromiso. El problema de los cambios es que tienen muchos imitadores. Existen esos pequeños intentos de cambio, cuando cambias solo un milímetro y el resto lo conservas tal y como estabas. Eso no es cambiar, es modificar. Cambiar es más radical, más completo, más arriesgado. El riesgo no está de moda porque la rutina proporciona sonrisas a plazo fijo... y arriesgarse es como comprar acciones: puedes perderlo todo en un segundo. Escuché en alguna parte que, sin riesgo, la vida era tan solo un puñado de lunes.

 

Nadie quiere domingos por la tarde. A mi antes tampoco me gustaban. Los tenía abandonados en mi calendario, como un día sin utilidad ninguna. Entonces los perdí y comprendí aquello de "no se sabe lo que se tiene hasta que se pierde". Empecé a valorar mis domingos perdidos, a añorarlos... y supe que necesitaba un cambio. No eran solo los domingos, eso era una pista... un indicio que me aproximaba a una realidad: mi punto de inflexión se acercaba. Se avecinaba un cambio.

 

Ahora estoy en ese punto de inflexión. Hago cambios con más lógica que otros. Hago cambios más significativos que otros, más arriesgados.

Pero todos terminan por ser una parte de un todo. Aunque el todo nunca sea la suma de sus partes. Poco a poco avanzo, aprendo a no mirar atrás y descubro que aprendí más de lo que pensaba, que cambiar no es tan complicado una vez que te decides a hacerlo, que la vida con riesgos es como recuperar un domingo después de haber perdido cincuenta y cuatro.

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