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Por ti Princesa

 

Tengo un gran reto ante mi, y es llevar a cabo un favor que me pidio Princesa. Me pidio que durante un tiempo mantuviera este blog por ella, la verdad es que me asuste al principio, no sabía como hacerlo, pues este era su rincon. Pero ella me lo dejo facil, primero porque Princesa es una persona increible, no seria dificil poder hablar de ella, es la mejor persona que yo jamas he conocido. Y segundo, porque me dejo una gran ayuda: sus escritos, cientos de paginas llenas de sentimientos, emociones, pasiones...No puedo negar que leyendo sus palabras he reido, he llorado, he reflexionado y hasta he sentido envidia, envidia de llegar a ser una minima parte de lo que ella ha sido y ha sentido. Me siento asustada y privilegiada por este reto, pero espero hacerlo bien Princesa. Se que algunos o algunas de los que te solemos leer somos gente que te quiere y los que te lean de nuevo, no dudo que se enamoraran de esa gran persona que eres y que transmites en cada una de tus palabras, asi que poniendo aqui tus textos, seguiremos teniendo ese trocito de ti:

Yo no recuerdo si antes de ti era feliz. La verdad es que nunca me lo había preguntado. Es algo que se da por supuesto, que hubo un tiempo mejor. Tampoco se establece a una persona como determinante hasta que han pasado los años y, desde una perspectiva lejana, podemos valorar los hechos. Cuando conoces a alguien, juegas a la ruleta rusa de las emociones, nunca sabes si será un nombre más o ese definitivo que romperá tus esquemas para siempre.

Aunque me resigne a aceptarlo, creo que en ti encontré la única bala de mi recámara. Acertaste de lleno en mi alma y me la partiste en dos mitades que no se han reconciliado desde entonces. Una siempre busca la manera de justificar el daño que me causan tus desplantes. La otra te odia a pecho descubierto, sin mentiras ni eufemismos válidos.

Dicen que el olvido no se puede programar. La vida sería mucho más sencilla si pudiesemos jugar con la memoria como con la grabadora de video. Grabar solo los momentos buenos, pasar los malos y rebobinar aquello que nos hizo felices una y otra vez. Si tuviera ese poder, hace mucho que hubiese pulsado el Stop en tu cinta. Lamentablemente, los seres humanos no hemos sido diseñados para olvidar tan fácilmente. Somos, en cierto modo, un puñado de recuerdos y un montoncito de sentimientos sobrepuestos. Nos movemos por impulsos y nos dejamos guiar por nuestros sentimientos. Nos equivocamos con frecuencia.

Hoy, después de mucho tiempo, puedo aceptar que me equivoqué contigo. Al principio creí de verdad en tus palabras, en los sentimientos que me jurabas, en tus promesas... luego me limitaba a autoconvencerme de mis propias ilusiones para no sentirme tan estúpida como era en realidad. La mayoría de las personas caen en ese error: prefieren vivir una utopía que enfrentarse a la realidad. Tú eras mi utopía.

Creo firmemente que mi principal problema es que siempre acompaño con dos puntos el punto final. Vivo entre puntos suspensivos y eso no es sano. Hay historias que merecen un punto y final. Por eso, cada vez que me despedía de ti, dejaba un margen de error a tu alcance... por si me arrepentía y tenías que regresar. Ese es, no cabe duda, el motivo de tantas cartas almacenadas entre mis textos, cartas de despedida con palabras rotundas y graves que nunca llegaste a leer.

Si para algo me ha servido todo este tiempo, ha sido para aprender a no despedirme. Decir adiós nunca significa que te vayas a marchar. Solo te irás cuando realmente quieras irte... y entonces, no te acordarás de despedirte. Tu cuerpo solo se aleja cuando tu alma ya se ha marchado. No sirve de nada forzar las situaciones.

Existe una prueba irrefutable que confirma la teoría que hoy defiendo: esta mañana, mi techo seguía plagado de estrellas. Nunca, jamás, en ninguna de mis despedidas, fui capaz de quitarlas. Las dejé allí, mirándome cada noche, recordándome que trataba de olvidarte una vez más.

Hoy no es un día especial. No es una fecha señalada ni me ha pasado nada excepcional. Hoy ni siquiera prometo nada, no me despido, no doy por sentado que vaya a olvidarte. Hoy, simplemente, me he sentido exhausta. Tan cansada que me he subido en la cama y he arrancado, una por una, las estrellas de mi techo. Algunas se quedaban tan pegadas que me he destrozado las uñas tratando de quitarlas. Eran como pequeños recuerdos anclados a mi alma. No he llorado. Yo ya no puedo llorar más por ti.

He cogido tus cosas. Esas pequeñas cosas que guardaba en una caja roja en mi mesilla de noche. Objetos sin valor ni sentido ya. Lo he metido todo en un sobre. Lo he cerrado.

No sé que voy a hacer con él. Puede que lo tire o lo entierre en algún lugar, lejos de mí. No quiero despedirme, no quiero gritar ni decirte todas las cosas que me he callado durante tanto tiempo por miedo a perderte. Ahora me río de mí misma porque soy absurda. Porque no se puede perder lo que no se posee. Porque, a base de silencios, solo se crean heridas tan profundas como una mentira. Y nosotros siempre fuimos una mentira, un engaño. Yo nunca fui nada y tu nunca quisiste dejar de ser todo. Nos equivocamos. O quizás no. Quizás solo era yo quién estaba equivocada. “

 

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