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princesadehielo...

On/Off

 

Muchas veces preferiría tener un interruptor que me permitiese desconectar, apagar el mundo y dejarme a solas con todo lo que comprendo y lo que me gustaría comprender. Pero no lo tengo... y no me queda más remedio que conformarme con el teclado de mi ordenador, una pantalla en blanco y el ruido de la calle recordándome que, pese a todo, soy parte de ese mundo que ni me comprende ni me deja de comprender. Y es que comprender algo por completo quizas sea robarle la magia para siempre.

 

Detrás de todo eso que me callo por miedo a parecer demasiado impulsiva, estoy yo y mi escasa capacidad para disimular. Puedo silenciar mi voz pero jamás conseguiría apagar mis emociones, censurar mis actos o mi absurda manera de no saber estar estando. Y, sin más remedio, solo me queda aceptarme y arriesgar en cada suspiro el alma... y pensar que el tiempo no es más que la hora que señala mi reloj, la fecha que apunta el calendario o cualquier entidad contable que nos ubique entre segundos y años. Aunque, dentro de mí, siga pensando que el mejor tiempo es el que señalan los momentos y las sensaciones, que los relojes deberían medir el cariño y que cambiaría cualquier día por un beso tuyo. Porque no, no se puede ser realista y soñadora a la vez. Tienes que decantarte por una de las dos vertientes, tienes que elegir... y solo permitirte a veces, cuando nadie te ve, abrir la cajita que guardas en el fondo de tu corazón, esa que llenas con las palabras mágicas y la fantasía que nadie podría entender. Y es así, a solas y a oscuras, como empiezas a ser para dejar de estar... y las lágrimas no tienen porque implicar llanto ni las sonrisas felicidad. En ese mundo paralelo, tus normas son las únicas válidas. Y, para colmo, casi nunca existen normas.

 

Solo nos merecemos lo que estamos dispuestos a conservar, lo que cuidaremos con tanto aprecio que, si un día se rompiera, nuestra alma se partiría en tantos pedazos que, inevitablemente, terminariamos por olvidarnos de recoger alguno... porque resulta que, cuando pierdes algo que realmente amabas, algo que realmente merecías, un trocito de tu alma se aleja para siempre de ti. Por eso es más fácil acumular basura en el corazón, porque no duele y parece mejor que tenerlo vacío. Existe una extraña tendencia que nos impulsa a ocupar cualquier ausencia visible. Pero claro, siempre se olvida que no todo lo que existe se ve...y de tanto aparentar, terminamos por dejar en blanco los espacios más importantes. Nos perdemos entre tanto adorno superflúo y, cuando queremos reaccionar, solo quedan un leve recuerdo de lo que un día fue relevante... pero ya no somos capaces de ser. Es demasiado tarde.

 

Rose Kennedy dijo en una ocasión: “Dicen que el tiempo cura las heridas, no estoy de acuerdo, las heridas perduran. Con el tiempo la mente, para proteger su cordura, las cubre con cicatrices y el dolor se atenúa, pero nunca desaparecen”.

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